
Estudiantes volvió a demostrar su jerarquía en las finales y cerró el año levantando un nuevo trofeo. En el Estadio Único de San Nicolás, el Pincha derrotó 2-1 a Platense en el Trofeo de Campeones y coronó una temporada que lo tuvo como protagonista absoluto del fútbol argentino.
El duelo enfrentó a los campeones del Torneo Apertura y el Torneo Clausura, y tuvo un inicio adverso para el equipo dirigido por Eduardo Domínguez. A los 20 minutos del primer tiempo, Franco Zapiola —formado en Estudiantes— apareció en el área y puso en ventaja al Calamar, que sorprendía con orden y eficacia.
Lejos de desmoronarse, el conjunto platense mostró carácter, paciencia y determinación. En el complemento, asumió el protagonismo y empujó a Platense contra su propio arco. El gran responsable de la remontada fue Lucas Alario, quien tuvo una noche consagratoria: primero empató el partido con una definición certera y, sobre el final, selló el triunfo con otro tanto que desató el festejo albirrojo.
El doblete del delantero resultó especialmente simbólico: Alario apenas llevaba un gol en 28 partidos con la camiseta de Estudiantes y apareció en el momento justo para convertirse en el héroe de la final.
Con esta victoria, el Pincha cerró el año de la mejor manera posible. Venía de consagrarse campeón del Clausura tras vencer por penales a Racing y, con este nuevo título, ratificó su crecimiento futbolístico y mental en los partidos decisivos. Además, aseguró su clasificación a la Copa Libertadores 2026, objetivo que había quedado pendiente a través de la Tabla Anual.
Pero la temporada aún le depara más desafíos: gracias a esta consagración, Estudiantes disputará dos finales adicionales. Jugará la Supercopa Argentina frente a Independiente Rivadavia, campeón de la Copa Argentina, y la Supercopa de la Liga Profesional ante Rosario Central, líder de la Tabla Anual.
Estudiantes cerró el año con autoridad, títulos y ambición renovada. El Pincha volvió a pisar fuerte en las finales y dejó en claro que su proyecto está lejos de agotarse.