
El Gobierno de Córdoba formalizó este martes, a través del decreto 239, la estructura del Poder Ejecutivo para 2026. La nueva orgánica ratifica un gabinete compuesto por 15 ministerios y confirma una redistribución estratégica de áreas clave, con fuerte concentración de funciones en algunos despachos.
Uno de los movimientos más significativos se da en el Ministerio de Vinculación y Gestión Municipal, conducido por Miguel Siciliano, que amplía su influencia territorial. Además de absorber las agencias Deportes y Joven, el ministerio tendrá a su cargo el vínculo con organizaciones religiosas, la ejecución de programas especiales definidos por el Ejecutivo, el funcionamiento del Iplam y la articulación con consejos departamentales, municipales y barriales de Prevención y Convivencia.
En paralelo, el Ministerio de Gobierno, bajo la conducción de Manuel Calvo, sumará bajo su órbita a dos áreas de alto impacto simbólico y económico: Turismo y Cultura, reforzando su peso político dentro del gabinete.
El área económica también aparece como uno de los núcleos duros de la gestión. El Ministerio de Economía y Gestión Pública, encabezado por Guillermo Acosta, concentrará la supervisión de una extensa red de entes autárquicos, entre ellos Bancor, la Caja de Jubilaciones, Lotería, Asecor, la Terminal de Ómnibus y la Fundación San Roque, además de agencias vinculadas a la producción, la conectividad, la innovación y el comercio exterior.
Otro de los ministerios fortalecidos es el de Cooperativas y Mutuales, que conduce Gustavo Brandán. Desde allí se centralizarán políticas habitacionales, planes de viviendas sociales y loteos, la ejecución de redes de gas natural y el Programa de Desarrollo del Norte y Oeste Cordobés, con foco en obras de infraestructura de última milla.
Por su parte, el Ministerio de Desarrollo Social y Promoción del Empleo, a cargo de Laura Jure, tendrá bajo su supervisión a la Fundación Banco de Córdoba, incorporada formalmente como ente autárquico dentro de la orgánica 2026.
La nueva estructura confirma el rumbo del llaryorismo: más control territorial, mayor concentración de gestión en áreas clave y ministros con fuerte peso político, en un año que será determinante para el armado del poder provincial.