
El tablero comercial entre la Argentina y Estados Unidos volvió a moverse tras la decisión de la Corte Suprema de Estados Unidos de dejar sin efecto los aranceles generales impulsados por Donald Trump. El máximo tribunal determinó que la potestad de establecer tributos corresponde al Congreso y que la Ley de Poderes Económicos en Emergencias Internacionales no habilita al Ejecutivo a fijar gravámenes amplios sin aval legislativo.
La resolución altera el esquema que regía hasta ahora en el vínculo bilateral. Bajo ese marco, la Argentina contaba con un trato preferencial: miles de posiciones arancelarias ingresaban con arancel cero y el resto tenía un techo reducido, lo que generaba una ventaja comparativa frente a otros países de la región.
Con el fallo, ese diferencial tiende a achicarse. En sectores sensibles como acero y aluminio, donde competidores como Brasil enfrentaban cargas mucho más elevadas, la brecha se reduce y el escenario competitivo se reconfigura. Aun así, no se descarta que el gobierno estadounidense explore nuevas herramientas para reinstalar algún tipo de protección comercial dentro de los límites legales.
Un punto clave es que la cuota de exportación de carne bovina hacia el mercado estadounidense —80.000 toneladas anuales— permanece intacta. Ese cupo fue negociado por fuera del esquema ahora cuestionado y no depende de los aranceles generales anulados por la Justicia.
Además, la sentencia abre la posibilidad de reclamos por parte de importadores estadounidenses que pagaron aranceles bajo el régimen declarado inválido. El eventual costo fiscal podría ser significativo y quedará en manos de instancias judiciales inferiores definir cómo se implementan eventuales devoluciones.
En este nuevo contexto, la Argentina pierde parte de la ventaja coyuntural que había obtenido, pero conserva canales estratégicos como el acceso preferencial para la carne y el capítulo vinculado a inversiones. El eje ahora pasa por la previsibilidad: mientras el Congreso de Estados Unidos define los próximos pasos, exportadores e inversores siguen con atención cada movimiento que pueda redefinir las reglas del intercambio bilateral.