
Argentina abrió su serie de amistosos con una victoria por 2-1 ante Mauritania en un colmado estadio La Bombonera, en un partido que dejó un saldo dual: contundencia en la primera mitad y pérdida de peso en el complemento.
El equipo de Lionel Scaloni marcó el pulso desde el inicio con una posesión dominante y circulación sostenida, ante un rival que optó por replegarse. Esa superioridad encontró traducción rápida en el marcador: a los 16 minutos, Enzo Fernández apareció por el centro del área para definir tras un pase atrás de Nahuel Molina.
Lejos de conformarse, la Selección mantuvo el control y amplió la ventaja antes del descanso con una acción de pelota parada. Nico Paz ejecutó un tiro libre preciso, imposible para el arquero, que consolidó el 2-0 y reflejó la diferencia entre ambos equipos. Durante ese tramo, Emiliano Martínez tuvo escasa participación, más allá de una intervención puntual sobre el cierre.
El segundo tiempo mostró otra cara. Con variantes en el equipo e ingreso de Lionel Messi, Argentina perdió fluidez, bajó el ritmo y dejó de generar peligro con continuidad. Aunque sostuvo la posesión, el dominio fue más estéril que incisivo.
El capitán tuvo la ocasión más clara de ese período con un remate que se desvió y terminó en córner, pero el equipo no logró sostener la intensidad ni la precisión del primer tiempo. En ese contexto, Mauritania aprovechó algunos espacios y exigió en varias oportunidades a “Dibu” Martínez, que respondió con seguridad.
En el tramo final, Argentina volvió a tomar el control territorial, aunque sin profundidad para liquidar el encuentro. Y en la última acción, tras una pelota detenida, Lefort marcó el descuento que maquilló el resultado.
El análisis deja conclusiones divididas: una primera mitad que reafirma la jerarquía del campeón del mundo y un complemento que expone cierta irregularidad. Más allá de eso, el triunfo funciona como punto de partida para seguir ajustando el funcionamiento de un equipo que, aun sin brillar, mantiene su competitividad.