
La 66ª edición del Festival Nacional de Folklore de Cosquín llegó a su fin este domingo con una novena luna inolvidable, marcada por una Plaza Próspero Molina colmada y el impactante show de Milo J, quien coronó el cierre con una propuesta que tendió puentes entre generaciones.
El joven artista de Morón fue el gran protagonista de la noche. Con naturalidad y carisma, combinó sus incursiones en el folklore con el pulso urbano del trap que lo proyectó, logrando una conexión transversal: emocionó a los más tradicionales y encendió a los más jóvenes. Su presentación fue mucho más que un recital: fue una declaración de época sobre el escenario mayor del folklore argentino.
La velada había comenzado con Peteco Carabajal, que abrió la última luna con localidades agotadas desde hacía semanas. Con su violín como bandera, el santiagueño desplegó un show sólido y emotivo, invitó a Mariana Carrizo a lucirse en coplas y dejó una postal cargada de simbolismo al subir al escenario con una remera que exhibía el rostro de Charly García junto a una frase elocuente.
Más tarde, Teresa Parodi volvió a Cosquín con la emoción intacta. Interpretó “Pedro Canoero”, la misma canción con la que debutó en el festival hace 42 años, y celebró el presente del folklore destacando el surgimiento de nuevas generaciones. Compartió escenario con La Ferni y luego regresó como invitada de Maggie Cullen, con quien interpretó “Esa musiquita”, en uno de los momentos más sensibles de la noche.
Maggie Cullen, por su parte, brilló con un repertorio que combinó clásicos del cancionero popular y composiciones de su segundo disco, Décimas, y se mostró visiblemente conmovida por el marco imponente de la Plaza.
El tramo final sumó intensidad con Gauchos of the Pampa, el reconocimiento a Campedrinos —que se llevaron el premio Consagración y se preparan para debutar en Viña del Mar— y el regreso de Cuti y Roberto Carabajal, ovacionados de pie. Ambos volvieron más tarde al escenario invitados por Milo J para interpretar juntos “Invisible”, canción compuesta entre los tres.
El cierre fue una verdadera celebración colectiva. Milo J compartió escenario con figuras consagradas como Soledad Pastorutti, a quien abrazó con profunda emoción, además de Radamel, Agarrate Catalina y otros invitados que reforzaron el espíritu de comunión artística.
Con una puesta cuidada, visuales envolventes y una energía constante, el joven artista sostuvo el pulso del show durante toda su actuación. Entre bromas, guiños al público y momentos de introspección, dejó en claro que su lugar en Cosquín no fue una excepción, sino una señal de apertura y renovación.
La novena luna bajó el telón con emoción, aplausos y la certeza de haber sido testigo de un cierre histórico. Cosquín se despidió hasta el año próximo, con la música latiendo fuerte y el folklore mirando, sin miedo, hacia adelante.