
El grito de gol todavía flotaba en el aire cuando el partido se detuvo de golpe. “¡Estás solo, tranquilo!”, le gritó un jugador a su compañero, que bajó la pelota con el pecho y definió de volea en una jugada digna del mejor fútbol amateur o de un cuento de Osvaldo Soriano. Pero mientras todos miraban el arco, del otro lado del alambrado ocurría otra escena.
El episodio se registró en una cancha de Rosario y quedó grabado en video. Un joven, que hasta ese momento observaba el partido sentado, se levantó repentinamente y tomó una bicicleta apoyada contra el cerco perimetral. La maniobra no pasó inadvertida: el defensor que debía marcar al goleador abandonó la jugada y salió corriendo hacia la salida.
“Te vi antes de entrar”, le gritó al sospechoso, mientras pedía que llamaran a la policía. En medio de la tensión, lo golpeó para impedir que escapara con el rodado. El partido se frenó y varios jugadores ingresaron en la escena, empujando al acusado hacia el interior de la cancha para retenerlo.
“De acá no salís”, le advirtieron, mientras el joven insistía en que no había intentado robar. La situación se tornó violenta: hubo empujones, amenazas y golpes, hasta que los jugadores lo obligaron a sentarse dentro del campo de juego a la espera de la policía.
Minutos después, tres agentes llegaron al lugar y trataron de calmar los ánimos. El acusado denunció haber sido agredido y lanzó una frase que no tardó en viralizarse: “No me la estaba llevando, la estaba corriendo”. Finalmente fue esposado y trasladado. La bicicleta quedó en el lugar, intacta. El gol, en cambio, ya había pasado a un segundo plano.
El episodio volvió a encender el debate sobre la violencia en el fútbol amateur, un fenómeno que se repite en distintas canchas del país y que, una vez más, quedó expuesto en imágenes.