
Detrás del impacto que generó en la tecnología moderna, el fundador de Apple construyó una forma muy particular de enfrentar el trabajo y la vida profesional: someter cada decisión diaria a una pregunta simple, pero profunda, sobre su verdadero sentido.
Lejos de ser solo una figura asociada a lanzamientos históricos o productos revolucionarios, su pensamiento sigue generando interés porque propone una manera distinta de moverse en entornos laborales cada vez más saturados de tareas, objetivos y distracciones digitales, como las que hoy giran alrededor de plataformas como WhatsApp o el ecosistema de Meta.
La pregunta que ordenaba su vida profesional
Durante su famoso discurso de graduación en Universidad de Stanford en 2005, compartió el ejercicio que marcaba su rutina mental: preguntarse cada mañana si realmente quería hacer lo que tenía planeado para ese día, imaginando que podía ser el último de su vida.
Más que una frase motivacional, funcionaba como un filtro brutalmente honesto para separar:
- obligaciones impuestas
- decisiones tomadas por costumbre
- acciones alineadas con su propósito real
Cuando la respuesta era negativa durante demasiado tiempo, lo interpretaba como una señal clara de que algo debía cambiar.
Minimalismo aplicado a la mente (no solo a los productos)
Su filosofía no se limitaba al diseño tecnológico. También la aplicaba a su vida cotidiana:
- Vestimenta repetitiva para reducir decisiones triviales
- Agenda enfocada en pocas prioridades
- Eliminación consciente de tareas sin impacto real
El objetivo era conservar energía mental para pensar, crear y resolver problemas complejos.
No perseguir “el gran logro”, sino decisiones correctas todos los días
El corazón de su método no era obsesionarse con metas gigantes, sino entender que la vida profesional se construye con elecciones diarias. Cada jornada era vista como una oportunidad para corregir rumbo, explorar nuevas ideas o cerrar ciclos cuando fuera necesario.
Su propia historia respalda esa idea: experiencias aparentemente secundarias —como estudiar caligrafía— terminaron influyendo en el diseño de las primeras computadoras personales con tipografías cuidadas.
Un método más humano que empresarial
El valor real de este enfoque no está en prometer éxito inmediato, sino en algo más profundo:
- actuar con coherencia
- reducir el ruido mental
- priorizar lo que tiene sentido real
- aceptar el cambio como parte natural del crecimiento
En esencia, es una invitación a trabajar y vivir con intención, no por inercia.