
Godoy Cruz bajó el telón de su larga etapa en la máxima categoría con un 1-1 ante Deportivo Riestra en el Feliciano Gambarte, un resultado que terminó de sellar su destino. Después de 17 años instalados en Primera, el Tomba no pudo escapar de una jornada que combinó ansiedad, radios pegadas al oído y miradas constantes hacia lo que ocurría en Mar del Plata.
La tarde tuvo un clima enrarecido desde el arranque del segundo tiempo. La ecuación era simple pero agobiante: ganar para seguir con vida. Y aunque el equipo mendocino acumuló aproximaciones, empuje y una entrega conmovedora, el gol nunca apareció cuando más lo necesitaba. Del otro lado, Riestra, práctico y compacto, resistió cada embate con la tranquilidad del que no tenía nada que perder.
El punto de quiebre se sintió en las tribunas antes que en el césped. A mitad del complemento, los murmullos se transformaron en un dato contundente: Aldosivi, en un partido frenético, había dado vuelta su encuentro ante San Martín de San Juan. Ese 4-2 empezaba a empujar al descenso no solo a los sanjuaninos, sino también al propio Godoy Cruz. Ahí el Gambarte se congeló.
Aun así, el Tomba siguió intentando. Centros, remates, desesperación y convicción en partes iguales. Pero el 1-1 se hizo definitivo, y cuando llegó el silbatazo final, la cancha quedó envuelta en un silencio que decía más que cualquier grito. Lágrimas, abrazos sueltos y un dolor que atravesó generaciones completas de hinchas.
Tras casi dos décadas en la élite —con campañas memorables, presencias internacionales y una identidad futbolística forjada a fuerza de protagonismo—, Godoy Cruz regresa a la Primera B Nacional. Una despedida amarga, que duele por lo que se pierde, pero también marca el inicio de un camino nuevo que el club deberá reconstruir desde sus cimientos.