
La vida de Lucas L. (25) finalizó como fue: de manera trágica. Un vecino de barrio Guiñazú, franja norte de la ciudad de Córdoba, le habría pegado un balazo presuntamente como represalia por un robo menor que habría protagonizado el joven, en un nuevo hecho de violencia con el peor desenlace.
Esa es la hipótesis que manejan en esta temprana etapa investigativa los pesquisas que trabajan bajo las órdenes de la fiscal Patricia García Ramírez, que tiene la causa a su cargo.
El episodio se registró en la mañana del sábado 28 de febrero. Según informaron fuentes policiales, alguien advirtió en la comisaría sobre la aparición de un cuerpo tirado en la vereda con una herida de bala, en la intersección de las calles Dorrego y Calle Pública.
Los uniformados trasladaron a la víctima al hospital, pero los médicos constataron el deceso al llegar.
Por el caso aún no hay detenidos ni imputados.
Los habitantes de la barriada –según comisionados del Ministerio Público Fiscal (MPF)– mantienen un pacto silencio que podría estar motivado por el miedo: “La familia de Lucas podría tomar represalias”, dicen los investigadores.
Ese silencio no colabora con la investigación y el esclarecimiento del hecho.
Comisionados y los pocos vecinos que sí hablan coinciden, además, en otro punto: Lucas L. habría sobrellevado sus últimos años bajo una severa adicción a las drogas que lo llevaba a robar, una y otra vez.
“Era ratero: robaba macetas, picaportes, medidores y usaba la plata que conseguía para fumar”, dicen a La Voz referentes barriales en Guiñazú que prefirieron el anonimato.
Y agregan: “El pibe estaba sumido en el consumo. Fumaba pipazo, ‘la droga de los pobres’, como le llaman. Y andaba robando desde pequeño, con otros familiares y adolescentes de la zona. Esta cosa los ‘traga’ desde muy chicos”.
Una muerte en plena investigación
Tras el hallazgo del cuerpo, la fiscalía inició una serie de medidas para intentar reconstruir qué ocurrió durante las horas previas al presunto crimen y quién habría efectuado el disparo.
Uno de los principales obstáculos que enfrentan los investigadores es la falta de testimonios directos. Según indicaron fuentes vinculadas al caso, gran parte de los vecinos evita brindar información o responder preguntas de los pesquisas.
El hermetismo complica la posibilidad de establecer con precisión dónde se produjo el ataque y si hubo testigos del momento del disparo.
En ese contexto, los investigadores ordenaron una serie de procedimientos en distintos domicilios del sector en busca de elementos que pudieran aportar pistas sobre lo sucedido. Fuentes oficiales informaron que se realizaron 14 allanamientos en el barrio.
Ocho de ellos se concretaron este martes y otros seis se efectuaron horas después del crimen.
Los operativos, sin embargo, no permitieron todavía identificar al presunto autor del disparo ni secuestrar el arma que habría sido utilizada.
Los pesquisas también intentan determinar si el episodio ocurrió exactamente en el lugar donde fue encontrado el cuerpo o si el joven pudo haber sido herido en otro punto cercano y luego desplazado.
Otra línea de trabajo apunta a reconstruir los movimientos de la víctima durante la madrugada y las primeras horas de la mañana, con el objetivo de establecer con quiénes había estado y qué recorrido habría realizado antes del ataque.
Por ahora, la causa permanece en una etapa inicial y la fiscalía continúa recolectando indicios para intentar esclarecer el homicidio.
Víctima con antecedentes
Fuentes judiciales consultadas señalaron que Lucas L. tendría antecedentes vinculados a hechos menores. Según indicaron, el joven habría estado involucrado en episodios de violencia familiar y en disputas con integrantes de su propio entorno.
Uno de esos conflictos, incluso, habría sido denunciado una semana antes del homicidio.
De acuerdo con los datos incorporados al expediente, el joven habría protagonizado una fuerte discusión con un hermano, situación que derivó en una presentación judicial.
Pero lo que más resalta en el historial judicial del joven es que habría cometido numerosos robos por los cuales arrastraba un fuerte prontuario. Habría iniciado con esta actividad desde muy pequeño: “Desde que era niño”, aclararon los pesquisas.
Según fuentes del caso, en la zona era reconocido como “un ratero” que entraba a robar de manera repetida en las viviendas del sector. No lo hacía con violencia, dicen. “Se aprovechaba de la ausencia de moradores y saltaba de patio en patio, para llevarse lo que hubiera a mano”, comentan.
De manera preliminar, se cree que el sábado Lucas habría estado con conocidos hasta la madrugada y que luego habría continuado solo por el sector.
A partir de allí, se perdió su rastro, hasta el momento en que lo hallaron herido.
Preocupación por “robos hormiga” y el efecto “pipazo”
Mientras la Justicia intenta esclarecer el homicidio, en el barrio crece la preocupación por una modalidad delictiva que, según vecinos, se ha vuelto cada vez más frecuente.
Se trata de los llamados “robos hormiga”, una seguidilla de hurtos menores que se repiten en patios, jardines y veredas. Un grupo de vecinos de Guiñazú que se comunica a través de WhatsApp asegura que este tipo de hechos se incrementó desde mediados de 2025.
Según describen, los episodios van desde el ingreso a jardines para robar broches, tenders o ropa colgada, hasta la sustracción de objetos metálicos como picaportes, medidores de agua o de gas.
También se llevan plantas, macetas o cualquier elemento que pueda ser revendido rápidamente.
“Él (por Lucas L.) no era diferente a otros: se meten a los patios y se llevan lo que encuentran. A veces, cosas de muy poco valor, pero lo hacen todo el tiempo”, relata un vecino.
De acuerdo con estas mismas fuentes barriales, muchos de los jóvenes que cometen estos robos venden los objetos por sumas muy bajas para conseguir dinero rápido.
Ese dinero, aseguran, se utilizaría para comprar pipazo.
Según explican, el pipazo es un residuo químico derivado de la cocaína que se mezcla con otras sustancias. La droga se fuma con bombillas de mate que los consumidores transforman en pipas improvisadas.
Quienes conocen esta problemática señalan que produce un efecto alucinógeno intenso pero breve. Por esa razón, los consumidores buscarían repetir el consumo una y otra vez.