
El inicio del año trajo una seguidilla de señales favorables para el Gobierno. El debilitamiento del régimen de Nicolás Maduro tras la ofensiva política de Donald Trump fortaleció el alineamiento internacional de Javier Milei con Estados Unidos. A ese contexto se suman los últimos indicadores de la economía norteamericana, que anticipan un ciclo de recortes de tasas durante 2026 y reavivan el apetito por activos de mercados emergentes. En el plano local, el Tesoro cumplió el viernes con el pago de USD 4.200 millones correspondientes a capital e intereses de deuda, sin provocar una merma en las reservas brutas.
El objetivo de fondo sigue siendo el regreso de la Argentina a los mercados voluntarios de crédito. El propio Banco Central lo reconoció en su informe de proyecciones: la acumulación sostenida de reservas depende de recuperar el acceso al financiamiento externo. En ese marco, el ministro de Economía, Luis Caputo, destacó que la autoridad monetaria fue la que más dólares compró en los últimos dos años, con adquisiciones superiores a los USD 25.000 millones desde la asunción de Milei, aunque una porción significativa se destinó a cancelar obligaciones.
Para sostener la acumulación de reservas, el esquema requiere refinanciar los vencimientos mediante nuevas colocaciones. Esa es la meta central que el equipo económico se propone para 2026 y, al mismo tiempo, la llave para avanzar hacia la denominada “Fase 4” del programa monetario, orientada a reactivar la circulación de pesos a partir de compras de divisas por parte del BCRA.
La clave es que los dólares que incorpore el Central no vuelvan a salir por pagos de deuda. El último vencimiento pudo afrontarse parcialmente gracias a un crédito de USD 3.000 millones otorgado por un consorcio de bancos internacionales. La expectativa ahora es que el próximo compromiso, previsto para el 9 de julio por un monto similar, sea cubierto en mayor proporción con emisiones nuevas que reemplacen a los títulos que vencen, sin incrementar la deuda neta.
Por ahora, sin embargo, no hay una hoja de ruta definida para volver a emitir en el mercado internacional. Caputo y Milei mantienen la estrategia de reducir la dependencia de Wall Street, aunque persisten dudas sobre la viabilidad de ese enfoque en el mediano plazo. El último pago se cubrió con una combinación de financiamiento bancario, colocaciones locales y compras del Tesoro en el mercado secundario.
El descenso del riesgo país mejoró el panorama, aunque sin resolverlo del todo. Tras las elecciones de octubre, el indicador bajó desde la zona de los 1.200 puntos básicos hasta rondar los 550, niveles similares a los de comienzos de 2025. En el equipo económico confían en que la tendencia continúe y que el índice pueda perforar los 500 puntos, e incluso acercarse a los 400, según proyecciones de bancos de inversión internacionales. En ese escenario, la Argentina podría volver a emitir deuda a tasas cercanas al 8% anual y plazos superiores a cinco años.
Mientras tanto, Punta del Este se convirtió en un punto de encuentro clave para inversores de Estados Unidos y Europa. Bancos como Safra, Morgan Stanley y Credit Suisse organizaron eventos que combinaron actividades sociales y rondas de negocios, donde predominó una mirada positiva sobre el futuro argentino. En uno de esos encuentros, el analista Alejandro Catterberg señaló que las probabilidades de reelección de Milei rondan el 70%, impulsadas por una cosecha récord y una inflación en descenso.
El riesgo de atravesar una crisis del “tercer año”, como ocurrió durante el gobierno de Mauricio Macri, parece hoy más lejano, aunque no completamente descartado. El superávit fiscal, el bajo nivel de endeudamiento y el control monetario marcan diferencias claras respecto de 2018. El principal factor de riesgo sería un deterioro abrupto del clima financiero internacional que afecte a los activos argentinos.
De cara a 2026, el desafío central del Gobierno será lograr que la recuperación económica se traduzca en mejoras palpables para los ingresos. El crecimiento proyectado del PBI, cercano al 3,5%, estaría liderado por sectores con bajo impacto en el empleo, como el agro, la energía y la minería. La inflación, que cerraría 2025 en torno al 31%, continuaría desacelerándose hacia niveles del 20% este año. Es uno de los principales logros del oficialismo, pero no será suficiente para sostener el respaldo social si no viene acompañado de una recuperación más firme de los salarios.