
El hallazgo fortuito del fémur derecho de un perezoso gigante -conocido como megaterio americano o megatherium– sorprendió a la comunidad científica cercana a los acantilados del sur de Santa Clara del Mar, en la costa de la provincia de Buenos Aires, ya que se trataría del fósil mejor conservado de este mamífero prehistórico.
Las características del hueso, de cerca de 80 centímetros de largo por 50 centímetros de ancho, reveló que se trataría de un fósil que habitó la región hace aproximadamente unos 400.000 años -se extinguió hace menos de 12 mil- y fue el mamífero más grande de la megafauna sudamericana.
El descubrimiento fue realizado el sábado, cuando Mario Cianciola y Lumar Ávila González, turistas oriundos de la zona norte de la provincia de Buenos Aires, divisaron una esfera de hueso anaranjado, similar al tamaño de una pelota de fútbol. Tras regresar al lugar para observar con mayor detalle el hallazgo, tomaron una fotografía y se la enviaron a un amigo geólogo, quien los orientó a contactar al Museo Municipal de Ciencias Naturales “Lorenzo Scaglia” en la ciudad de Mar del Plata, con apoyo de estudiantes de la Tecnicatura Superior en Paleontología del ISFT Nº194 de Miramar.
Vale aclarar que la Ley Nacional de Protección del Patrimonio Arqueológico y Paleontológico 25.743, vigente en el país, prohíbe la extracción no autorizada de fósiles y exige comunicar cualquier encuentro de este tipo a las autoridades científicas o museos locales.
El fósil, tras ser recuperado y llevado a los laboratorios del museo, será transferido al Museo de Ciencias Naturales Pachamama de Santa Clara del Mar, donde formará parte de la colección regional.
Estudios preliminares posicionan este hallazgo entre los de mejor estado de conservación en la región. Esto permitirá que el especialista Néstor Toledo del Conicet y de la Universidad Nacional de La Plata avanzara en la reconstrucción detallada de la musculatura y estructura corporal del perezoso gigante.
El paleontólogo Matías Taglioretti del Museo Scaglia señaló a La Capital que los fósiles de este animal son infrecuentes y subrayó que el fémur hallado “es uno de los más completos y mejor conservados de esta especie en la región costera del sudeste bonaerense”. Además del fémur, los responsables de la operación identificaron restos de la pelvis en buen estado, aunque su extracción representa riesgos de derrumbe y demandaría maquinaria pesada y logística adicional.
La pieza fosilizada presenta un distintivo color anaranjado. Esta tonalidad, según los especialistas, es característica de los fósiles recuperados en antiguos suelos encharcados donde la circulación de óxidos de hierro tiñó los sedimentos.
Este ambiente favoreció la conservación del hueso y permitió distinguir estrías de inserciones musculares que ofrecerán claves inéditas sobre la estructura interna y la fisiología del animal.
Hallazgos de fósiles de megaterios en la costa atlántica
Un equipo del Museo Municipal de Ciencias Naturales Pachamama inició a fines de abril de 2023 el rescate y estudio de restos fósiles de un megaterio, un mamífero extinto de cuatro metros de largo y cerca de 4.000 kilos de peso, encontrado por un pescador en los acantilados de Camet Norte, a 14 kilómetros de la ciudad bonaerense de Mar Chiquita.
El destacado hallazgo, reportado a las autoridades del Museo Pachamama en la ciudad de Santa Clara del Mar, corresponde a fragmentos óseos depositados en una zona lagunar y con una estimación de antigüedad de 20 mil años. El descubrimiento casual se produjo cuando el pescador, al recorrer el acantilado, advirtió la presencia del fósil semienterrado en la tosca.
Los técnicos Daniel Tassara y Ricardo Ripoll llevaron adelante la extracción en una franja pantanosa, aprovechando el retiro temporal del mar, pero enfrentando la fragilidad extrema de las piezas encontradas. El director del museo, Daniel Scian, explicó: “Siempre que se detecta material hay que denunciarlo al museo y de ninguna manera intentar extraerlo ya que se puede dañar o perder mucha información”.
Los científicos recuperaron dos terceras falanges, una vértebra cervical, dos vértebras lumbotorácicas, varias costillas y tres piezas dentarias, todas pertenecientes a este animal de cuerpo robusto, extremidades con garras, cabeza pequeña y hocico alargado que le facilitaba alimentarse de ramas de los árboles.
Pero no es la primera vez que los acantilados y zonas aledañas a Mar Chiquita ofrecen evidencia de fauna extinta. En julio de 2022, una niña de 12 años descubrió casualmente una vértebra de megaterio en Mar del Plata, mientras removía tierra destinada a la construcción de una vivienda familiar.
Un mes antes, en la misma región del hallazgo actual, Vicente Di Iorio, de ocho años, encontró un cráneo de aproximadamente 700 mil años de antigüedad en el partido de Mar Chiquita. Expertos atribuyeron los restos a un “camélido sudamericano”. El padre del menor, Diego Di Iorio, relató al museo local: “Íbamos caminando por la barranca y Vicente encontró unos huesos aflorando que le llamaron la atención. Luego de sacar parte de la tierra suelta que lo cubría, aparecieron dientes, y entonces decidí comunicarme con el museo”.
En febrero de 2021, un equipo interdisciplinario conformado por investigadores del LACEV, Fundación Azara, Museo de Ciencias Naturales de Miramar, Centro de Geología de Costas y Cuaternario de la UNMDP y el Laboratorio de Paleontología de Vertebrados (CICYTTP) anunció el hallazgo de un cráneo de megaterio de más de 3,5 millones de años, correspondiente al Plioceno de la región pampeana. El ejemplar fue hallado en San Eduardo del Mar, próximo a la ciudad de Miramar.
Características del “megatherium” y por qué desaparecieron
El Megatherium, conocido comúnmente como perezoso gigante, dominó los paisajes de Sudamérica y Norteamérica durante la Edad de Hielo y se extinguió hace unos 11.700 años tras una drástica reducción de su hábitat asociada a cambios climáticos y posibles impactos humanos.
Este mamífero prehistórico, emparentado con los actuales perezosos, osos hormigueros y armadillos, sobresalía por un tamaño excepcional. El perezoso gigante llegaba a medir hasta 6 metros de longitud y alcanzaba 2 metros de altura cuando se desplazaba en cuatro patas, lo que equivalía a la altura de un elefante moderno. Su peso, cercano a las 3 toneladas, era comparable al de un pequeño camión.
A pesar de su robustez, el Megatherium no era un depredador. Poseía garras largas y curvas, diseñadas principalmente para extraer ramas y hojas de los árboles, y que también le servían como defensa ante posibles ataques.
Además, carecía de incisivos delanteros; la disposición lateral de sus dientes lo facultaba para procesar material vegetal. El animal se alimentaba especialmente de hojas, ramas y brotes blandos de árboles y arbustos, accediendo a las copas de la vegetación gracias a un largo cuello y la capacidad de erguirse sobre sus patas traseras mientras sostenía su peso con una cola robusta.
Los trabajos de excavación por parte de personal del Museo Municipal de Ciencias Naturales Pachamama del partido de Mar Chiquita
Este mamífero prehistórico habitó áreas extensas de Sudamérica y extendió su presencia a Norteamérica durante el Pleistoceno. Su desarrollo inicial tuvo lugar en ambientes sudamericanos durante el Cenozoico, una era de proliferación de mamíferos gigantes. Posteriormente, migró hacia el norte, adaptándose a bosques cercanos a ríos y lagos, donde encontraba abundantes recursos alimenticios y acceso al agua.
Durante el Pleistoceno, la Tierra estuvo dominada por climas gélidos debido a la expansión de los glaciares. El perezoso gigante parecía tolerar bien esas condiciones, favorecido por grandes reservas de grasa corporal, útiles para la protección térmica y para reservas energéticas en ambientes fríos.
Pero el final de la Edad de Hielo, hace 11.700 años, marcó la desaparición del Megatherium. Entre las hipótesis discutidas por la comunidad científica, sedestacó la importancia de los cambios climáticos que acompañaron el retroceso de los glaciares.
Una teoría complementaria considera la posible influencia de la llegada de cazadores-recolectores humanos a las Américas. Estos grupos habrían encontrado en el perezoso gigante una presa fácil y atractiva por su tamaño y lentitud, aunque no existen pruebas definitivas de una caza a gran escala.
Otra hipótesis señala la posibilidad de que la actividad volcánica provocara alteraciones drásticas del entorno, afectando de manera irreversible a las poblaciones de la especie.