
Había cumplido un sueño. Jonás Emanuel Verdún Lizarraga tenía 16 años y había viajado desde Moreno hasta Reta, en el partido de Tres Arroyos, para conocer el mar por primera vez. Lo que comenzó como unas vacaciones familiares terminó en una tragedia que conmocionó a dos municipios y dejó una herida profunda en la comunidad costera.
El adolescente había llegado el 15 de febrero junto a sus tíos abuelos. Caminaba por la arena con la fascinación de quien descubre algo inmenso y desconocido. El sonido constante de las olas, el viento que sopla entre los médanos, la línea infinita del horizonte: todo era nuevo para él.
El jueves por la tarde, cuando el descanso familiar estaba por terminar, pronunció una frase que hoy resuena con dolor: “Me voy a despedir del mar y vuelvo”. Nadie imaginó que sería la última vez que lo verían.
Según publicó La Voz del Pueblo, Jonás caminó por la calle 36 hasta la playa. Dejó su ropa prolijamente doblada entre tamariscos, sobre un médano. No tenía a quién encargárselas. Estaba solo. La escena, reconstruida luego por los rescatistas y confirmada por su familia, muestra una imagen íntima: remera negra, bermuda azul, buzo de algodón y ojotas acomodadas como si el regreso fuera inminente.
El mar no estaba calmo. La noche anterior una tormenta había agitado el agua y las olas alcanzaban hasta un metro y medio. En ese sector no había servicio de guardavidas. El puesto más cercano estaba a unos 800 metros.
Testigos relataron que, incluso en medio de ese contexto, Jonás mostró su carácter solidario: ayudó a un kayakista a salir del agua y conversó con un pescador, interesado en aprender cómo se desarrollaba la actividad. Tenía curiosidad, entusiasmo, ganas de experimentar todo lo que la costa ofrecía.
Pero minutos después, un pescador lo vio en dificultades. Estaba siendo arrastrado por una canaleta, esas corrientes traicioneras que se forman entre bancos de arena y que, cuando el mar está movido, se convierten en trampas invisibles. Según declaró, el chico parecía pedir ayuda.
El hombre corrió hasta el puesto de guardavidas para dar aviso. Cuando los socorristas llegaron con una moto de agua y comenzaron el rastrillaje, ya no había señales. El mar lo había tragado.
La angustiosa búsqueda
Esa misma noche, cuando Jonás no regresó a la casa, su tío abuelo se presentó en el destacamento policial. Las piezas encajaron rápidamente: el adolescente desaparecido era el mismo joven visto en apuros horas antes.
Se activó entonces un amplio operativo de búsqueda coordinado por el secretario de Seguridad de Tres Arroyos, Juan Apolonio. Participaron guardavidas, buzos tácticos, bomberos de Reta y Claromecó, Defensa Civil, perros K9 y Prefectura, que sumó un helicóptero. La comunidad también se movilizó: vecinos aportaron un dron, dos aviones particulares y se sumaron a los rastrillajes a pie.
El viento norte complicó las tareas y generó falsas alarmas. Desde la costa, cualquier silueta en el agua —lobos marinos o bolsas arrastradas por la corriente— obligaba a redoblar esfuerzos. Los médanos dificultaban la visibilidad y la extensión de la playa multiplicaba los puntos a cubrir.
La hipótesis más temida se imponía con el correr de las horas. Sin embargo, el objetivo era uno solo: encontrarlo.
El hallazgo más doloroso
El sábado por la mañana, mientras los equipos retomaban el operativo, se produjo un primer indicio contundente: encontraron la ropa de Jonás en los médanos. La familia la reconoció de inmediato. La escena confirmaba que había entrado solo al agua.
Poco después del mediodía, el desenlace llegó de la manera más inesperada y triste. Un padre y su hijo, pescadores de Reta, navegaban en un semirrígido cuando divisaron un cuerpo flotando a aproximadamente mil metros mar adentro, en dirección a las playas de Dunamar. Lo retuvieron contra la embarcación y dieron aviso inmediato a las autoridades.
Los rescatistas se dirigieron al lugar y trasladaron el cuerpo hasta la costa. Allí fue identificado por su mamá, que viajó hasta Reta una vez que se enteró de la noticia de su desaparición.
La autopsia posterior confirmó que la causa de muerte fue asfixia por inmersión. La investigación quedó en manos de la UFIJ interviniente bajo la carátula de “averiguación de causales de muerte”.
Una despedida que conmueve
Jonás había viajado con ilusión. Venía de Moreno, con la expectativa intacta de conocer el mar. Tenía 16 años, era delgado, medía 1,75 metros y estaba lleno de proyectos.
Desde los municipios de Tres Arroyos y Moreno se coordinó el acompañamiento a la familia y el traslado del cuerpo para que puedan despedirlo en su ciudad.
En Reta, el balneario volvió lentamente a su ritmo habitual, pero con una marca imborrable. El mar, que para Jonás representaba un sueño cumplido, se convirtió en escenario de una pérdida irreparable.
El trágico final de Jonás no solo enluta a su familia. También interpela sobre los riesgos del agua en zonas no habilitadas y la importancia de respetar las recomendaciones de seguridad. Pero, sobre todo, deja la memoria de un chico que conoció el mar por primera vez y no pudo regresar para contarlo.