
Cuando las luces del estadio Mario Alberto Kempes se apagaron por completo para dar inicio al show de Alejandro Sanz pasadas las 21.30, ya casi no quedaban rastros de la lluvia que había azotado la zona una hora antes.
Es que el momento de ingreso al estadio mundialista, para suerte de los vendedores ambulantes de capas, se hizo bajo una intensa llovizna que se detuvo lo suficientemente a tiempo como para no entorpecer el disfrute del momento musical.
Como previa del show del español, por el escenario pasó primero la cordobesa Lu Ferreyra y luego la neoyorkina de ascendencia dominicana Karina Pasian, quien además de presentar temas propios se unió luego a la banda oficial de Sanz para ser su corista.
El concierto del cantautor (que duraría poco más de dos horas y contendría 22 canciones) arrancó con Desde cuando, tema del 2009 de su disco Paraíso Express, para luego seguir con Capitán Tapón, del álbum Sirope (2015).
Luego de los correspondientes saludos y agradecimientos, el español tomó como excusa la canción Por bandera para desplegar la insignia argentina y ganarse al público local, mayoritariamente femenino, que a esta altura no paraba de gritar su nombre junto a un “¡Te amo!”.
Cuando tocó el turno de la balada A la primera persona, Sanz se sentó en un sillón y, tomando una flor que le tiraron desde el público, cantó a voz rasgada una de las canciones en las que demuestra más su fragilidad a flor de piel.
Al finalizar ese momento tan íntimo y personal, el músico bromeó sobre su capacidad de baile y culpó a la lluvia por no poder mostrar sus dotes como bailarín y pidió al público que, en caso de caerse, por favor no lo filmaran con sus celulares. «A lo mejor tiro un par de pazos y se puedan llevar algún recuerdo memorable a sus casas», dijo en chiste
Clásico tras clásico
Lo que siguió después fue una sucesión de hits imperecederos como Mi soledad y yo y Quisiera ser, canciones que fueron matizadas por un momento en el que la banda quedó sola y bajo el mando del neoyorkino Chris Hierro quien tocó junto a sus compañeros Try to Save your Song.
Hay que decir que la decena de músicos que lo acompañaron sobre el escenario tuvieron todos su momento de protagonismo y a la vez hicieron que el madrileño pudiera sostener las dos horas de show luego de una intensa gira que le demandó un esfuerzo físico del que se hizo cargo al llegar a Córdoba, última parada del “¿Y ahora qué? Tour”.
El propio Sanz asumió momentos después que su voz no estaba del todo bien por las altas exigencias que habían demandado sus dos shows en Buenos Aires (por donde pasó viernes y sábado ante 70 mil personas), pero también reconoció no haber quitado ni un solo tema de la lista. “Si me dejo la voz aquí… ¡aquí me la dejé! No sé hacerlo de otra manera”, acotó.
También aprovechó ese momento de reflexión para referirse a todo lo que está ocurriendo en el mundo: “Yo sé que en estas dos horas que ustedes pasen aquí se van olvidar de todo lo malo que está pasando. La música tiene ese objetivo: nosotros no podemos parar un tanque pero le podemos partir el corazón al guerrero que lo conduce”.
Cierre a pura emoción
Antes del tramo final repleto de clásicos, Sanz volvió a aprovechar una canción para hablar de salud mental y de cómo la música puede ayudar a recuperar la alegría perdida. “Recuerda que puedes estar mal, pero siempre habrá una canción ahí esperando para levantarte”, dijo y tocó entonces Hoy no me siento bien, canción editada recientemente cuyo ritmo caribeño puede hacer bailar hasta los muertos.
Llegó entonces el turno de “temones” como Amiga mía (una de las más coreadas de la noche), Cuando nadie me ve y el Alma al aire, esta última tuvo un cambio de vestuario de por medio y el madrileño apareció con una musculosa y una gorra que levantaron los comentarios del público.
Antes del bis final presentó uno a uno a sus músicos y luego se destacó interpretando canciones como No es lo mismo y Aquello que me diste.
Y, ¿si fuera ella? Marcó el inicio del fin para dar lugar al momento más emotivo de la noche con Sanz al piano y la canción ¿Lo ves?, himno de himnos entre las fanáticas del músico, quienes se lo agradecieron entonando una a una las letras del tema.
El cierre llegó con el indiscutido hit Corazón partío que arrancó como siempre y se fue volviendo electrónico sobre el final para levantar los ánimos de los espectadores que comenzaban a bailar e irse del estadio con el corazón contento de haber visto al músico dejarlo todo sobre el escenario; incluso su voz.