
Maximiliano Yamil Oseas Imbarrata (33) y Diego Exequiel Rodríguez (22) deberán permanecer en prisión durante los próximos tres años. La Justicia los encontró culpables de robo continuado y violación de domicilio, tras comprobarse que desvalijaron de manera sistemática dos empresas del barrio Los Boulevares, en la zona norte de la ciudad de Córdoba.
Los hechos se registraron en dos etapas marcadas: una primera seguidilla en julio de 2025 y un raid mucho más intenso durante octubre del mismo año, siempre de acuerdo a las investigaciones judiciales.
Sus blancos fueron la marmolería Pretecno, ubicada en bulevard De los Rusos al 3360 y la fábrica de piletas Moldear, en avenida La Voz del Interior. La modalidad fue casi idéntica en cada ataque: realizaban boquetes en las paredes de ladrillo block, ingresaban cuando las alarmas sonaban y se retiraban rápidamente con mercadería de gran valor.
Lo que distingue este caso de un robo común es la figura del robo continuado. Esta calificación legal se aplica cuando una serie de hechos delictivos, aunque ocurran en momentos distintos, forman parte de un mismo plan o «unidad de propósito».
Ante la contundencia de las pruebas —que incluyeron filmaciones donde se los veía transportando mesadas y bachas—, los imputados decidieron reconocer su culpabilidad. De esta manera, se sometieron a un juicio abreviado inicial donde fueron culpados y enviados a prisión.
Robos continuados en Córdoba
La investigación, llevada adelante por el fiscal Juan Pablo Klinger, permitió desentrañar la organización de la banda. Según las investigaciones, Imbarrata se encontraba en situación de calle durante la época de los robos y pernoctaba en la zona del Canal Maestro norte, en inmediaciones del hotel Quorum.
La organización de los delincuentes aprovechaba las vulnerabilidades geográficas del sector.
Según los expedientes, para entrar a la empresa Pretecno, utilizaban un punto ciego bajo una pasarela peatonal que carece de alambrado. Una vez en el patio trasero, lejos de la vista de los patrulleros, comenzaban su tarea de «demolición» para completar un boquete.
El descaro de la banda, dicen los investigadores, llegó a “niveles asombrosos”.
En varias oportunidades, el dueño de la marmolería ordenaba tapar los boquetes con ladrillos y cemento durante el día. Sin embargo, al caer la noche, los delincuentes regresaban.
“Se aprovechaban de que la mezcla que tapaba el hueco aún estaba fresca y removían los bloques con las manos para volver a ingresar por el mismo orificio”, comentaron los pesquisas.
Bajo esta modalidad, la Justicia elaboró un gran inventario de objetos robados, entre los que se destacan computadoras, monitores, impresoras, microondas, más de una decena de bachas de acero inoxidable marca Johnson, mesadas de mármol de «negro boreal» y hasta elementos de limpieza.
Mientras uno de ellos entraba al salón de exhibición —según lo investigado—, el otro oficiaba de «campana» y colaboraba para cargar los pesados materiales de piedra hacia su refugio en el canal.
Seguidilla de robos contra los locales
La seguidilla delictiva comenzó cuando Imbarrata inició los ataques en solitario contra la marmolería Pretecno. El primer golpe que le atribuye la Justicia ocurrió en la madrugada del 3 de julio, cuando logró llevarse electrodomésticos y equipos de computación tras forzar una puerta trasera de la firma.
Ese mismo día empezó a construir el primer boquete y volvió por la noche, según consta en los expedientes. Removió la mezcla fresca y entró nuevamente para sustraer teléfonos celulares. Dos días más tarde, la dinámica se repitió: “Sacó los ladrillos, revivió el boquete por la tarde para cortar la luz y regresó por la noche para llevarse ventiladores y siete bachas de aluminio”, dijeron los pesquisas.
Tras un periodo de inactividad coincidente con una detención previa de Imbarrata por otro hecho, la actividad se reanudó en octubre de 2025, esta vez con la incorporación de Rodríguez al plan.
Entre el 3 y el 6 de ese mes, aprovecharon el fin de semana para realizar un boquete de grandes dimensiones, sustrayendo una heladera y más bachas de acero. Al igual que en julio, la banda no se conformó con un solo ataque.
La noche del 6 de octubre volvieron a retirar los ladrillos de la reparación reciente para llevarse un bajo mesada de mármol de casi un metro y medio de ancho.
A mediados de octubre, Rodríguez diversificó los objetivos y comenzó a atacar de forma paralela a la empresa Moldear. El 15 de octubre realizó un boquete de un metro de diámetro para robar herramientas industriales pesadas y, apenas 24 horas después, utilizó el mismo hueco para sustraer un pisón.
El 18 de octubre fue un día de intensa actividad delictiva, según las investigaciones.
Por la siesta, Rodríguez intentó llevarse un dispenser de agua de la fábrica de piletas y, apenas una hora después, se reunió con Imbarrata para atacar nuevamente a Pretecno, donde realizaron un boquete de 80 centímetros para sacar una mesada de mármol aprovechando que la alarma ya había dejado de sonar.
El raid final se produjo durante el último fin de semana de octubre en la marmolería.
El domingo 19 —siempre según registros judiciales— ingresaron dos veces, una durante la siesta y otra al atardecer. Lograron retirar cinco mesadas de mármol de distintos materiales a través del orificio que mantenían abierto.
El lunes 20 de octubre realizaron su último movimiento al abrir un nuevo boquete de 50 por 70 centímetros. En esa oportunidad, la rapidez de la Policía permitió interceptarlos a pocas cuadras mientras cargaban con lo robado.
Juicio abreviado con tres años de prisión
Ese 20 de octubre los detuvieron a ambos, minutos después de que se disparó la alarma en Pretecno. La Policía interceptó a Rodríguez e Imbarrata a solo 300 metros del lugar.
Llevaban sobre sus hombros la mesada con su bacha incorporada. La ropa que vestían coincidía punto por punto con las capturas de las cámaras de seguridad analizadas horas antes.
En el caso de Rodríguez, las pruebas fueron irrefutables por detalles particulares: en los videos de la fábrica de piletas se podía observar un tatuaje específico en su brazo derecho y un reloj de pulsera negro que llevaba puesto al momento de ser controlado días antes por una oficial.
El miércoles de la semana pasada, el proceso llegó a su fin. La Cámara en lo Criminal y Correccional ratificó el acuerdo alcanzado cuando los acusados asumieron su culpabilidad. Los dos hombres fueron condenados a 3 años de prisión de cumplimiento efectivo.