
Vecinos de la plaza Heraldo Bosio, ubicada en la intersección de las calles Capdevila y Alem, en barrio Villa Azalais de Córdoba, atraviesan una situación crítica debido a masivas juntadas nocturnas. Están hartos.
El caso recuerda al de la «Casita del After» que durante más de 11 años generó un caos en una zona de barrio Villa Allende Parque.
El impacto en la zona es tan severo que, de las 16 viviendas ubicadas frente al espacio verde, 14 se encuentran actualmente a la venta.
Las familias afirman que buscan abandonar el barrio o mudarse de alquiler por la imposibilidad de conciliar el sueño y la falta de seguridad.
Noches de ruido, alcohol, drogas y picadas
Las concentraciones comienzan cerca de la medianoche y se extienden de manera ininterrumpida hasta las 7 u 8 de la mañana del día siguiente.
Decenas de jóvenes, de entre 15 y 30 años, asisten al lugar con motocicletas, vehículos y parlantes que emiten música a muy alto volumen.
Durante las madrugadas, la plaza amanece repleta de envases de vodka, espumantes y cervezas que abandonan los asistentes tras las fiestas.
Además del consumo desmedido de bebidas alcohólicas, los residentes de la zona aseguran que el comercio de estupefacientes ocurre a la vista de todos.
«La droga se vende como caramelos hoy acá», denunció a El Lagarto Show uno de los vecinos afectados por la constante ocupación del espacio público.
Enfrentamientos y el temor barrial
Los intentos de diálogo por parte de los habitantes del sector han derivado sistemáticamente en burlas y situaciones de tensión con los participantes.
Una vecina relató que, al pedir que bajaran la música a las 4.30 de la mañana, recibió contestaciones desafiantes por parte de una joven.
«Problema suyo si no puede dormir. Mañana no se trabaja porque es viernes», fue la respuesta textual que recibió la mujer afectada.
El mayor temor de la comunidad es que el extremo agotamiento psicológico derive en un hecho de violencia física entre las partes involucradas.
«Un vecino se va a cansar y puede hacer una desgracia, matar a alguien», advirtió con preocupación un residente histórico del barrio.
Reclamos formales sin soluciones
La intervención de las fuerzas de seguridad no ha logrado desarticular la problemática de fondo que afecta la calidad de vida de las familias.
Los habitantes señalan que los patrulleros accionan las sirenas, los jóvenes dan la vuelta a la manzana en sus vehículos y regresan a la plaza inmediatamente.
Ante este escenario reiterativo, los vecinos han elevado petitorios a diversas entidades gubernamentales durante años, aún sin obtener respuestas concretas.
«Hemos realizado denuncia, hemos tenido reuniones con diferentes organismos de la provincia, de la municipalidad y realmente nunca hemos tenido una solución clara», lamentaron.
Por último, la comunidad exigió medidas preventivas que impidan la instalación de los grupos antes de que se reúnan cientos de motos y autos en el sector.